Disfunciones
de piso pélvico

El piso pélvico es un conjunto de músculos, ligamentos y tejido conectivo que forman la base de la pelvis. Su función va mucho más allá de “sostener”: es parte de un sistema complejo que trabaja en coordinación con el diafragma, la musculatura abdominal y los músculos profundos de la columna para aportar estabilidad, equilibrio y control a todo el tronco.

Además, cumple un rol fundamental en sostener los órganos pélvicos —como la vejiga, el útero y el recto— y participa en funciones esenciales de la vida diaria como la continencia urinaria y fecal, la función sexual, el embarazo, el parto y la recuperación postparto.

Para funcionar correctamente, el piso pélvico necesita un equilibrio entre fuerza, coordinación, flexibilidad y capacidad de relajación. No se trata solo de “fortalecer”, sino de que pueda activarse, adaptarse y relajarse cuando el cuerpo lo necesita.

Cuando este equilibrio se altera, pueden aparecer síntomas como pérdidas de orina, sensación de peso o presión vaginal, dolor pélvico, molestias durante las relaciones sexuales o dificultades para evacuar.

Estas alteraciones pueden prevenirse, evaluarse y tratarse a través de una rehabilitación especializada, enfocada en recuperar la función y mejorar la calidad de vida

¿Cómo funciona el piso pélvico y por qué puede generar síntomas?

El piso pélvico no trabaja de forma aislada. Forma parte de un sistema integrado con la respiración, la musculatura abdominal y la estabilidad de la columna. Cada vez que te mueves, toses, levantas peso, haces ejercicio o incluso respiras, este sistema se activa y se adapta.

1. Da soporte y estabilidad

El piso pélvico ayuda a sostener los órganos pélvicos y contribuye a la estabilidad de la pelvis y del tronco. Cuando pierde coordinación, resistencia o capacidad de respuesta, pueden aparecer sensaciones de presión, pesadez o falta de soporte en la zona pélvica.

2. Control de esfínteres

Su función es clave en el control de la orina, gases y deposiciones. Para lograrlo necesita trabajar de forma coordinada con la respiración y la musculatura abdominal. Si este mecanismo se altera, pueden presentarse pérdidas de orina, urgencia miccional o dificultad para controlar gases y deposiciones.

3. Función sexual

El piso pélvico también influye directamente en la función sexual y la sensibilidad. Tanto un exceso de tensión como la debilidad o la falta de coordinación pueden generar dolor, molestias o dificultades durante las relaciones sexuales.

4. Embarazo, parto y postparto

Durante el embarazo, el piso pélvico se adapta al aumento de peso, presión y cambios mecánicos y hormonales. En el parto atraviesa un proceso intenso de distensión, y en el postparto necesita recuperarse para restablecer su función y prevenir síntomas a corto y largo plazo.

¿Qué pasa cuando su función se altera?

Cuando el piso pélvico no logra adaptarse correctamente a las demandas del cuerpo, pueden aparecer distintos síntomas, como:

  • Pérdidas de orina al toser, reír, saltar o hacer ejercicio
  • Sensación de peso, presión o “bulto” vaginal
  • Dolor pélvico o perineal
  • Molestias o dolor durante las relaciones sexuales
  • Dificultad para controlar gases o deposiciones
  • Sensación de debilidad, falta de sostén o poca conexión con la zona abdominal baja

Estos síntomas no son “normales” ni algo que simplemente haya que aguantar. Son señales de que algo necesita ser evaluado.

¿Por qué es importante evaluarlo?

Muchas disfunciones del piso pélvico pueden prevenirse o tratarse de forma efectiva cuando se detectan a tiempo. Una evaluación especializada permite entender qué está ocurriendo, identificar la causa de los síntomas y diseñar un tratamiento adaptado a las necesidades de cada persona.

El objetivo no es solo aliviar molestias, sino recuperar la función, mejorar la calidad de vida y ayudarte a volver a sentir confianza y seguridad en tu cuerpo.